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Oasis
Hoy dormimos envueltos en la humedad del trópico, rodeados por su aliento verde y los vestigios de otra vida.
Las habitaciones, de estilo colonial del siglo pasado, ubicadas en las lomas, formaban parte de antiguas casas que en algún momento sirvieron de residencia para hacendados españoles.
Caminar por sus veredas frondosas, llenas de flores y plantas silvestres, nos recuerda esa mezcla de razas que habita en nuestro ADN mestizo boricua.
En la piscina, las aves jugaban a chispear el agua, mientras mi hijo y yo trisábamos la superficie, intentando imitarlas sin invadir su espacio. El sonido del agua, en medio del silencio, era música para nuestros oídos: notas suaves de paz y esperanza.
A lo lejos, se distinguían algunas personas dispersas: empleados con camisas de flores en tonos naranja, rosa y verde claro; una familia —dos niños, un abuelo y dos adultos— compartiendo la calma del lugar. Si existiera el paraíso, debe parecerse a esta tierra, donde convergen la historia, la naturaleza y la inspiración para amar nuestra tierra bendita.
MTG 5/1
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Comentarios

Que hermoso relato. Disfruté las descripciones. Casi te acompañé a ese hermoso lugar. ¿Puedes compartir el lygar?
ResponderBorrarEl Oasis Hotel , Aguada P.R.
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