Pulsión
Inhala profundo por la nariz.
Exhala lento por la boca.
Haaaaaa… ffffff…
Bip… bip… bip…
—Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente.
—¡Carajo, esto no me funciona!
Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma.
Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro de historial de salud mental? Creo que no existía en los veinte papeles que tuve que llenar mientras buscaba la manera de colocar mi cuerpo en forma fetal.
Escribo dos o tres oraciones, dejo el celular de lado y busco el libro Viaje al manicomio de Kate Millett. Es la única forma en que logro sedar la ansiedad; leer a otra mujer que también intentó sobrevivir dentro de instituciones que prometen cuidado mientras una parte de la mente se desmorona lentamente bajo las luces blancas, el ruido de las máquinas y la insoportable sensación de estar atrapada dentro del propio cuerpo.
Ya voy casi por la mitad del libro. Ella habla de caballos, de la relación con su padre, de lo masculino, de las vergas, y me comienza a entrar un caliente desde el cuello, bajando por mis senos hasta llegar al clítoris. Decido aprovechar para entrar al baño en silencio, dejar el agua de la ducha correr y fantasear un poco con la imagen que me retrata el libro, una imaginaria y llena de morbo.
Una inhalación profunda que tiembla en la garganta.
Exhalaciones cortas, aceleradas.
El agua golpeando la loseta blanca.
El roce de mis manos buscando recordarme que todavía existo fuera del dolor.
Por unos segundos, mi cuerpo le gana a la ansiedad.
MTG 12/5

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