Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Toradol

Al décimo día, la habitación comienza a encogerse sobre mí. Las paredes blancas ya no parecen limpias, lucen cremuzcas, manchadas de cansancio, impregnadas de dolor y pestilencia. Escucho voces que se burlan, que elevan el tono como si quisieran profanar el poco espacio que aún le pertenece a mi mente. La compañera de habitación deja de parecer humana; se convierte en un espectro venido de otro planeta, uno hambriento, desesperado, que mientras duermo intenta arrancarme las vísceras con sus manos invisibles, consumida por el hambre grotesca de quien lleva dos semanas sin probar alimento alguno.

Los enfermeros son sus coristas. Caminan alrededor de mi cama como figuras borrosas bajo la luz artificial, riéndose entre murmullos, alentándola en secreto a terminar conmigo. Y yo, atrapada entre el zumbido de las máquinas y el insomnio, ya no sé qué parte pertenece al hospital y cuál nació producto del Toradol. No distingo si es la realidad o son alucinaciones causadas por la medicación o mi trastorno que potencia este encierro obligatorio. 

El hospital lentamente convierte la mente en otro órgano enfermo, y solo las voces que llegan desde afuera —las que aún me nombran, me recuerdan quién soy y me hablan como si todavía existiera fuera de esta cama— logran aterrizarme nuevamente en la realidad.

MTG 11/5


Comentarios

Entradas populares