Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Frituras
El olor a aceite burbujeante, tan caliente como el ardor que quemaba en mi estómago por hambre, me atraía como un embrujo hacia la tiendita de la escuela Román Baldorioty de Castro. El chisporroteo constante me llamaba por mi nombre, como si cada gota de grasa supiera exactamente el anhelo de mi cuerpo ante la prohibición constante de mi padre por comer frituras.
Detrás del cristal empañado, los Cheese Dogs dorados descansaban en fila, inflados, brillantes, casi vivos, como si respiraran el mismo aire espeso que yo tragaba con ansiedad. Eso ante el deseo de abrir mi boca y sentir el crujido caliente rompiéndose entre mis dientes, derramándose lento el queso, salado, casi prohibido sobre mi lengua.
De adulta, la grasa ya no me envuelve ni me atrae con sus encantos; aprendí a domesticar el anhelo y a dejarme seducir, en cambio, por la lentitud de un buen vino.
MTG 6/4
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario