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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

2210

Me pregunto dónde habrán quedado mis amigas de juventud, si mi trastorno, mis inseguridades, mi necesidad de pertenencia y mi ir y venir sin consistencia las alejaron, o si la vida simplemente las llevó por otros caminos. Quizás tengan hijos, un esposo, una esposa, o trabajen mucho más que yo, que desde hace un tiempo me dedico a la escritura, sin minimizar el tiempo y la entrega que conlleva este oficio.

Mientras deambulo por la habitación 2210 del hospital, me cuestiono si mis últimos intentos de relación por Tinder también se habrán ido con ellas. Si ahora que estoy recluida el tiempo se les salió de las manos, como quien deja una chiringa volando por los aires, o si su desinterés es tan grande que simplemente decidieron olvidarme en un mal momento. 

Y aun así, entre mi trastorno —con el que a veces alejo a quienes intentan quedarse—, el sonido de las máquinas y el olor estéril del hospital, sigo esperando que un amor recuerde que existo fuera de esta habitación 2210. Uno que me abrace como quien intenta arrancarle el frío a un cuerpo conectado a sueros y vigilias, y me diga en voz baja que todo estará bien.

MTG 9/5



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