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Perpetuo
Me acuesto en mi cama en posición fetal. Mientras mis brazos me abrazan, pienso en lo mucho que me cautivan los supuestos finales. Todos los finales; no necesariamente los de cuentos de hadas o novelas.
El final reconfortante y tranquilo de dormir en un féretro después de una terrible enfermedad, cuando el dolor finalmente se apaga, el cuerpo descansa y el silencio se vuelve alivio.
El final de una relación con alguien que te hacía pequeña, te maldecía, te maltrataba con palabras que herían, con silencios que castigaban, con gestos que borraban tu voz y tu cuerpo, y te reducía a ser solo su mujer.
El final de las mudanzas, que traen consigo la esperanza de un mejor comienzo, un aire limpio que se cuela por la piel, un sol nuevo entrando por otra ventana, una mirada distinta sobre la vida.
Somnolienta, en la misma posición, dejo escapar una risa al vacío. Recuerdo a mi hijo deslizándose, ligero, hasta el final del tobogán. No se detiene, vuelve a subir, vuelve a lanzarse.
Tal vez así son los finales; una pausa breve antes de volver a empezar.
MTG 26/4
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