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Atrapada

Hoy no escribo en modo poesía, ni en cuento, ni en metáfora.
Hoy escribo como quien deja huellas en la arena clara de la isla de Culebra, sin querer que sean borradas,
como quien necesita nombrar lo que le habita.

Escribo como bitácora de un trastorno de salud mental,
como registro de un cuerpo que siente demasiado
y de una mente que, a veces, se desborda.

Lo que para algunas personas es normal,
a mí me cuesta un ataque de ansiedad.
Entrar a un centro comercial,
chocar con cuerpos ajenos,
sentir miradas posadas sobre mí,
escuchar ruidos, voces, música…
respirar alimentos, perfumes y sudores que no me pertenecen
hiperactivan mis sentidos.

Sin pedir permiso, mi cuerpo comienza a sudar frío;
mis latidos se intensifican,
mi vista se vuelve borrosa.
Siento que bailo un vals en medio de la tienda,
sin que nadie pueda seguirme el paso,
sin que entiendan que lo que siento
va más allá de mi propia elección.

Salgo de la tienda.
Intento conseguir un espacio silencioso,
sentarme en algún lugar seguro,
conectar conmigo misma
y autorregularme. 
Inhalar y exhalar,
hasta darme cuenta
de que sigo con vida.

MTG 29/3



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