Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Amparo

La casa de mi papá fue un campo de guerra en desuso, con minas por doquier a punto de reventar. Los platos y las ollas eran proyectiles que, desafortunadamente, perturbaban nuestra paz. Con los años eso cambió, se convirtió en refugio en los momentos de angustia, de ansiedad y de falta de dirección. Es el techo seguro que nos protege de las inclemencias del tiempo.

Nos salvó de Georges, de Irma y de María. También hace de roca fuerte, de columnas reforzadas. Los temblores se sienten, pero no nos quiebran cuando estamos resguardadas bajo este único techo, construido por amor y esperanza por mi padre.

Durante toda mi vida he huido de este espacio llamado casa. Los recuerdos del pasado me atormentan. Me he escapado, me he mudado, me he enamorado. He regresado con una barriga de seis meses y una criatura en mi vientre. No es mi lugar favorito en el mundo, pero es donde está mi familia. Es, al final, mi hogar.

A días de cumplir treinta y seis, toco la puerta nuevamente y me la abren de par en par, dispuestos a cuidarme como cuando era una niña y pisé este suelo camuyano por primera vez. Demostrándome una vez más que el hogar no son los bloques de concreto, ni las lozas por las que camino, ni los muebles que habitan la sala. El hogar es quien abre la puerta cuando regresas, cansada de huir.

MTG 16/3



Comentarios

Entradas populares