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Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Sobreesfuerzo

Era como quien corre un maratón por primera vez — inexperta, obsesionada con llegar a la meta. Sin entender que antes hay que ensayar los pasos, aprender a respirar, conocer el terreno y, sobre todo, descansar.

He corrido la vida sin escuchar el cuerpo, convencida de que la resistencia se improvisa. Pero sostener el camino exige algo distinto: saber acelerar, reconocer el momento de detenerse y aceptar que el descanso también forma parte del entrenamiento.

Hoy intento hacer paradas en las estaciones de hidratación, tomar agua sin culpa, bajar el ritmo sin sentir que pierdo. Mientras mi trastorno me grita “vaga”, “lenta”, “floja”, yo me repito que nadie gana una carrera si se desmaya antes de cruzar la meta.

MTG 11/2





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