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Saciada
Ellos la invitaban a probar la cremosidad de la leche, a hundir el cuerpo en colchones de hotel, a cumplir fantasías tibias, húmedas, entre luces tenues y manos que fingían conocer el placer sin conocerla.
Pero llegaron tarde.
Ella estaba saciada de líquido; a veces se cuestionaba la fecha de caducidad, la calidad, la procedencia de eso que con tanto fervor le prometían.
Ya había dormido entre sábanas de seda y almohadas rellenas de plumas. Prefería hacer el amor en una habitación propia, que pudiera llamar hogar, antes que en el palacio de otro.
Nada la sorprendía.
Nadie la encendía.
Había aprendido a descubrirse, a satisfacerse consigo misma, a seleccionar con cuidado aquello que realmente merecía tocar su piel.
El lujo, la disponibilidad, el exceso dejaron de seducirla.
Se preguntaba a diario si los ofrecimientos de bañar su cuerpo en leche eran reales, si existiría un segundo, tercer o cuarto encuentro, o si todo terminaría siendo otro envase brillante para un contenido vacío.
Amor.
Amor.
Amor.
Solo quería ser amada. Y sus manos lo sabían mejor que ellos.
MTG 13/2
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