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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Porvenir

Últimamente las escuelas me huelen a tecnología,
a evolución, a sabiduría, a empatía.
Pero recuerdo aquellos tiempos
cuando de los pasillos emanaba
el olor a pega blanca y a crayolas,
donde los zapatos se rendían a los chicles pegados,
al hedor de la grasa, a los cheesedogs, a las empanadillas,
y al hielo persistente de las Coca-Colas en las máquinas.

En los bultos no podían faltar
los lápices número dos,
las gomas Lion
y las libretas Jean Book,
gastadas en las esquinas,
marcadas por el uso insistente
de aprender a escribir con corrección.

Hoy no pueden faltar
las tabletas,
los dispositivos móviles —donde es permisible—,
las pizarras electrónicas
y las gafas de realidad virtual.

Al igual que ayer,
hoy veo maestros comprometidos,
entusiastas,
guiando a los estudiantes
en sus propios procesos de aprendizaje.

MTG 6/1



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