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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Escisión

Presiento que algo no está bien. Los pies tropiezan con mi cabeza, rodando por la alfombra como una bola de baloncesto. Los dedos avanzan sin control y comienzan a escudriñar mi cráneo abierto. Se siente la humedad del líquido cefalorraquídeo esparcido por el suelo de la habitación.

Ya mis órganos no siguen órdenes. Los pies continúan danzando en la sangre. Mientras, mis brazos, torpes como marionetas, se elevan manejados por hilos invisibles, recordando solos su función. El movimiento es lento, fragmentado, pero decidido.

La mano pequeña logra abrir la gaveta y aferrarse al analgésico; los dedos lo aprietan con una urgencia instintiva. Con dificultad, el brazo se repliega hacia el rostro. Los labios resecos se abren, la boca recibe la pastilla. Tic toc, tic toc. 

Luego de treinta minutos, me observo entera frente al espejo.

MTG 7/2



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