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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Temblor

 —¡Temblor, está temblando! 

La copa de vino —rojo granate, con destellos rubí que temblaban contra el cristal, denso, tibio, con un perfume a uvas maduras y madera húmeda— se desplomó al suelo, mientras las hermanas aún buscaban dónde resguardar sus cabezas.

—Dejó de temblar —dijo la menor, con voz entrecortada, temblorosa.

—Ahora seguirán las réplicas, debemos tranquilizarnos.

—Qué miedo.

Su cuerpo se le volvió hielo por dentro; el pecho apretado como un puño, la garganta seca, el estómago cayéndose a pedazos. Las manos le temblaban sin permiso y el corazón golpeaba duro, desesperado, como si quisiera escaparse de la tierra.

—¿Salimos? ¿O mejor nos metemos debajo del escritorio?

—¡Nooooo, corre, ven...! —gritaba ella, mientras la réplica se hacía presente en aquel lugar.

Ambas se sumergieron debajo del escritorio, como si nadaran bajo el agua aguantando la respiración. Cerraron los ojos y se abrazaron fuerte, suplicando misericordia. A su alrededor, los libros caían de par en par del estanque de madera oscura, abarrotado, donde las portadas con géneros de filosofía, educación, liderazgo y feminismo se ondulaban como peces atrapados. Con cada sacudida, el mueble crujía y escupía su contenido, golpeando el suelo en ráfagas, tapa contra tapa, hoja contra hoja, como un aguacero de papel. A lo lejos también se escuchaban los platos de la cocina caer destrozados al suelo. Afuera, la tierra rugía como si se estuviera estirando, con voz fuerte y estruendosa.

—¿Hermana, cuánto va a durar esto?

—No lo sé.

Luego de unos diez minutos, la tierra se decidió por una posición; al parecer ya se sentía un poco más cómoda. Las hermanas entendieron que era hora de salir a la calle. Al mirar a su alrededor, su comunidad era otra.

MTG 9/1



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