Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Temblor
—¡Temblor, está temblando!
La copa de vino —rojo granate, con destellos rubí que temblaban contra el cristal, denso, tibio, con un perfume a uvas maduras y madera húmeda— se desplomó al suelo, mientras las hermanas aún buscaban dónde resguardar sus cabezas.
—Dejó de temblar —dijo la menor, con voz entrecortada, temblorosa.
—Ahora seguirán las réplicas, debemos tranquilizarnos.
—Qué miedo.
Su cuerpo se le volvió hielo por dentro; el pecho apretado como un puño, la garganta seca, el estómago cayéndose a pedazos. Las manos le temblaban sin permiso y el corazón golpeaba duro, desesperado, como si quisiera escaparse de la tierra.
—¿Salimos? ¿O mejor nos metemos debajo del escritorio?
—¡Nooooo, corre, ven...! —gritaba ella, mientras la réplica se hacía presente en aquel lugar.
Ambas se sumergieron debajo del escritorio, como si nadaran bajo el agua aguantando la respiración. Cerraron los ojos y se abrazaron fuerte, suplicando misericordia. A su alrededor, los libros caían de par en par del estanque de madera oscura, abarrotado, donde las portadas con géneros de filosofía, educación, liderazgo y feminismo se ondulaban como peces atrapados. Con cada sacudida, el mueble crujía y escupía su contenido, golpeando el suelo en ráfagas, tapa contra tapa, hoja contra hoja, como un aguacero de papel. A lo lejos también se escuchaban los platos de la cocina caer destrozados al suelo. Afuera, la tierra rugía como si se estuviera estirando, con voz fuerte y estruendosa.
—¿Hermana, cuánto va a durar esto?
—No lo sé.
Luego de unos diez minutos, la tierra se decidió por una posición; al parecer ya se sentía un poco más cómoda. Las hermanas entendieron que era hora de salir a la calle. Al mirar a su alrededor, su comunidad era otra.
MTG 9/1
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario