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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Soy

¿Qué es el cuerpo de una mujer con trastornos?
Un espacio desnudo.
Un depósito de líquidos, de fluidos,
de espermas convertidos en lágrimas.

¿Qué es la mente?
Una oleada de emociones
que confunde la realidad con la ilusión,
la compasión con el amor
y la miseria con la esperanza.

¿Qué es el arte?
La salida.
La escapada.
La energía que libera neuronas
y construye muchas mejores versiones de mí,
otras yo.

¿Qué es la familia? ¿Qué son los amigos?
Apoyo, refugio,
pero también caos.
Caos ante el desconocimiento
del sentimiento que aflora
cuando se quiere salir y no se puede.
El deseo de enredarte entre sábanas ajenas,
sin amor,
solo por compañía.
El anhelo de morir y no despertar,
embriagada de alcohol.

¿Qué soy?
No soy mi trastorno.
No soy quien fui.
No soy quien quisieron que fuera.

Ojalá supiera quién soy;
quizás mi rostro estaría seco mientras escribo
y mi alma no tan quebrantada como ahora.

Soy un enigma clínico
donde los psicólogos experimentan
con tratamientos inútiles.

Soy un vaivén de emociones
que florecen en mi piel,
transformada en espinas
que hieren a quienes tocan,
menos a ellos,
quienes rocían el líquido de su tronco en mí.

MTG 29/1



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