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Espejismo

Otra vez me encuentro rozando esa fina línea entre la realidad y la virtualidad, intentando encontrar el amor en una pantalla, y hallando únicamente inmediatez, fugacidad, ausencia de compromiso y una profunda desilusión. Otra vez me cuestiono si debo cerrar la aplicación o seguir prostituyéndome sin ganancias, dejando que hombres ajenos decidan cuánta belleza ostento o qué arreglos debo hacerme para lucir como ellos quieren. Otra vez me desilusiona abrirme a la absurda honestidad de mi vida; contarles sobre mis trastornos, mis logros, mis sueños y mis alegrías. Leer y escuchar cómo se llenan la boca de elogios por un par de horas y, al caer la noche, el sueño se lleva mi nombre de sus pensamientos. MTG 22/3

Sorbo

Nunca nos habíamos visto. Bastó un par de amigos políticos en común y unos vasos pequeños de cristal, llenos de mezcal —límpido y plateado, con un aroma ahumado que sabía a tierra mexicana, a madera quemada y al dulzor vegetal del agave cocido—. Para que nuestras miradas se masticaran como carne al pastor recién cortada del trompo: caliente, especiada, jugosa, girando lentamente antes de caer rendida.

Sabía que sus ojos estaban dibujando mi cuerpo. Por eso acerqué el vaso de mezcal a mis labios, gruesos, sedosos, rojo cereza. Deslicé mi lengua por su borde y saboreé un sorbo. Mientras susurraba un lento y profundo mmmmmm. El calor subía por mis muslos desde el fondo. Al mover el licor, apenas, se deslizaba por las paredes del cristal con una lentitud densa. Como si mis movimientos, nuestros movimientos, le exigieran a aquel señor —de piel morena templada por el sol, barba breve y oscura, mirada firme de quien ha aprendido a conquistar multitudes— convertirse en líquido para ser absorbido por mí.

Aquella bebida, venerada como la de los dioses, sellaba sin palabras un acuerdo tácito. El del deseo que se negocia lento, se saborea con cálculo y se consume cuando ya no hay vuelta atrás.

MTG 8/1



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