Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Sorbo

Nunca nos habíamos visto. Bastó un par de amigos políticos en común y unos vasos pequeños de cristal, llenos de mezcal —límpido y plateado, con un aroma ahumado que sabía a tierra mexicana, a madera quemada y al dulzor vegetal del agave cocido—. Para que nuestras miradas se masticaran como carne al pastor recién cortada del trompo: caliente, especiada, jugosa, girando lentamente antes de caer rendida.

Sabía que sus ojos estaban dibujando mi cuerpo. Por eso acerqué el vaso de mezcal a mis labios, gruesos, sedosos, rojo cereza. Deslicé mi lengua por su borde y saboreé un sorbo. Mientras susurraba un lento y profundo mmmmmm. El calor subía por mis muslos desde el fondo. Al mover el licor, apenas, se deslizaba por las paredes del cristal con una lentitud densa. Como si mis movimientos, nuestros movimientos, le exigieran a aquel señor —de piel morena templada por el sol, barba breve y oscura, mirada firme de quien ha aprendido a conquistar multitudes— convertirse en líquido para ser absorbido por mí.

Aquella bebida, venerada como la de los dioses, sellaba sin palabras un acuerdo tácito. El del deseo que se negocia lento, se saborea con cálculo y se consume cuando ya no hay vuelta atrás.

MTG 8/1



Comentarios

Entradas populares