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Reclusión
Año Nuevo y continúo sintiéndome carcelaria del dolor, la angustia y la desesperación. Hay días en los que puedo salir por unas horas al patio exterior, pero siempre sintiendo la presión de ser vista. Es como si sus ojos se posaran sobre mí sin parpadear. Luego regreso a mi pequeña celda, donde mis pensamientos divagan, sin esperanza y sin camino. Aquí no entra la luz solar, lo que me dificulta reconocer el tiempo. A veces pasa tan lento; otros días, tan rápido que los confundo.
Presa en mi propio cuerpo, encerrada en un abismo infinito. Me traen la comida, la pasan por la rejilla; no me sabe a nada. No distingo entre caviar y gusanos, entre mermelada y excremento. Me acuesto a dormir —se ha vuelto mi actividad favorita— y cierro los ojos, esperanzada de despertar de una vez de esta traumática pesadilla.
MTG 4/12
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