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Pasos
Me levanté esta mañana con deseos de hacer senderismo. Me enfundé en un pantalón de esos ajustados para que no se deslice con el movimiento, una camisa deportiva y calcé unos tenis rosas, lista para llegar a la meta.
Pero querer no es poder.
Quiero caminar en las montañas, con el verdor abrazándome a cada paso, con el aroma de las flores marcando mi ruta. En la arena, observando el océano, escuchando las melodías de las olas. Entre cavernas, acompañada de murciélagos que añadan aventura a mi día. En túneles subterráneos, de esos en los que podíamos escapar a medianoche.
Pero no puedo.
Peligro. Criminalidad. Violencia. Hostilidad.
Porque aquí hasta la naturaleza se volvió riesgo. En febrero de 2025 un turista estadounidense se perdió en El Yunque y lo encontraron vivo después de más de tres días. En agosto de 2024 un hombre desapareció mientras caminaba por una zona boscosa en Dorado. Su acompañante lo perdió de vista y lo que sigue es el vacío: la búsqueda, la incertidumbre, el silencio del país. Y a veces ni siquiera es perderse, el resultado es morir. En noviembre de 2023 una mujer murió ahogada en el charco El Hippie, en Naguabo.
Me siento con un matcha entre las manos, descifrando opciones. Ir al gimnasio. Podría, pero no es lo que quiero. Ir a la pista. Podría, pero no es lo que quiero.
¿Cómo se siente vivir en un país donde el Estado te oprime, te obliga a hacer lo que dicta y no lo que deseas, por temor a perder tu vida?
Entonces me doy cuenta de que el deseo no es suficiente: debo tomar una decisión.
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