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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Gallus

Aquella tarde, el cielo regalaba un espectáculo de luces de colores; el pasto verde danzaba y las flores sonreían con asombro, deleitándose en la belleza del campo.

—¡Cóóóóó… co co co cooo! ¡Co coooo! —decía, mientras caminaba ufana, con sus patas rectas y su pico pintado de crema tirando a marrón. Tiempo después, luego de pavonearse y cautivar a quienes la miraban con su andar seductor, alzó el vuelo hacia una esquina alta del gallinero, donde el techo se inclinaba en sombra y se apilaban los nidos: cajones de madera vieja, forrados con paja y plumas sueltas, con olor a maíz, polvo y huevo recién puesto.

—¡Quiquiriquiiiii! —le entonaba su mejor melodía a la amada.

—¡Cocorocoooo! —le respondía ella.

En segundos, la gallina se acercó al gallo; ambos disfrutaron de una deliciosa y completa cena de maíz quebrado al plato, hierbas tiernas, lombrices de tierra y agua recién puesta. Picotearon y picorearon hasta sentirse llenos. Entre miradas traviesas, picotazos juguetones y cantos, el gallo se creyó tenor de ópera y la gallina, reina absoluta del gallinero.

El sol se despidió del gallinero y se fue a dormir. La luna saludaba, dándole la bienvenida a la noche. Las flores no podían dejar de observar al gallo y la gallina, pegaditos, en su danza de cortejo, rozándose pluma con pluma, hasta que se escondieron entre la paja tibia cuando el deseo les aflojó las patas.

MTG 10/1




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