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Gallus
Aquella tarde, el cielo regalaba un espectáculo de luces de colores; el pasto verde danzaba y las flores sonreían con asombro, deleitándose en la belleza del campo.
—¡Cóóóóó… co co co cooo! ¡Co coooo! —decía, mientras caminaba ufana, con sus patas rectas y su pico pintado de crema tirando a marrón. Tiempo después, luego de pavonearse y cautivar a quienes la miraban con su andar seductor, alzó el vuelo hacia una esquina alta del gallinero, donde el techo se inclinaba en sombra y se apilaban los nidos: cajones de madera vieja, forrados con paja y plumas sueltas, con olor a maíz, polvo y huevo recién puesto.
—¡Quiquiriquiiiii! —le entonaba su mejor melodía a la amada.
—¡Cocorocoooo! —le respondía ella.
En segundos, la gallina se acercó al gallo; ambos disfrutaron de una deliciosa y completa cena de maíz quebrado al plato, hierbas tiernas, lombrices de tierra y agua recién puesta. Picotearon y picorearon hasta sentirse llenos. Entre miradas traviesas, picotazos juguetones y cantos, el gallo se creyó tenor de ópera y la gallina, reina absoluta del gallinero.
El sol se despidió del gallinero y se fue a dormir. La luna saludaba, dándole la bienvenida a la noche. Las flores no podían dejar de observar al gallo y la gallina, pegaditos, en su danza de cortejo, rozándose pluma con pluma, hasta que se escondieron entre la paja tibia cuando el deseo les aflojó las patas.
MTG 10/1
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