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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Deshielo

¿Miedo? ¿Lástima? ¿Qué sientes cuando te vas sin decir nada? ¿Quién te da el poder de llegar, encender la llama —como fogata en medio del frío del invierno—, alimentar una deliciosa esperanza como malvaviscos derretidos y luego marcharte sin dejar huellas en la nieve?

¿Tienes miedo de lo que pueda salir de mi boca, anacondas de la selva en plena nevada? ¿O será que tienes lástima de mí, del trauma, del dolor que sabes que producirás dejándome descubierta, sin vestiduras que arropen mi cuerpo? ¿Por ese miedo, por esa lástima, regresas en medio de la noche? ¿O es que acaso tú también sentiste frío y la necesidad de envolver tu piel con la mía, como un incendio bajo las sábanas?

¿Qué soy para ti, hogar… o estación de paso? 

Me deshielo en tus brazos.

MTG 17/1



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