Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Clavada
Me levanté del mueble y sumergí mis pies en un mar interminable de piezas de LEGO: cuerpos en miniatura, ojos con guiñadas, ojos verdes, ojos negros, cabezas rodando por el suelo, cuadrados de colores brillantes con orificios perfectos para crear universos paralelos. Al pararme, mis pies comenzaron a sentir pinchazos; aquellos intrusos se habían apoderado de mi sala, de mi espacio.
¡Recoge los le...!, intenté decirle a mi hijo.
Cuando di el primer paso, mi pie pisó un pez amarillo y anaranjado que habíamos construido horas antes con piezas diminutas y puntiagudas, y resbalé.
¡Plashhhhh!
Caí con torpeza, agitando los brazos como si estuviera nadando en el aire, hasta aterrizar en el piso con un golpe seco.
“¡Me ahogo, me ahogo! ¡Que alguien me ayude!”, fue lo único que pude decir.
Ya el agua me cubría el pecho y me subía a la garganta. No sé cuántas veces al día debía repetir la frase: juega, pero recoge los juguetes. Mi hijo me ayudó a levantarme, pero primero aplaudió mi clavada, como si para él yo fuera una nadadora profesional.
MTG 23/1
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario