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Espejismo

Otra vez me encuentro rozando esa fina línea entre la realidad y la virtualidad, intentando encontrar el amor en una pantalla, y hallando únicamente inmediatez, fugacidad, ausencia de compromiso y una profunda desilusión. Otra vez me cuestiono si debo cerrar la aplicación o seguir prostituyéndome sin ganancias, dejando que hombres ajenos decidan cuánta belleza ostento o qué arreglos debo hacerme para lucir como ellos quieren. Otra vez me desilusiona abrirme a la absurda honestidad de mi vida; contarles sobre mis trastornos, mis logros, mis sueños y mis alegrías. Leer y escuchar cómo se llenan la boca de elogios por un par de horas y, al caer la noche, el sueño se lleva mi nombre de sus pensamientos. MTG 22/3

Anzuelo

Hoy es una mañana como muchos otros amaneceres en las costas de Hatillo, Puerto Rico. La arena —crema, color café con leche— y la mar, con un azulado imponente, producto de la claridad del cielo, invaden los pasos de quienes se le acercan.

A la orilla hay pescadores tirando sus cañas, en busca de un pez que muerda el anzuelo. Yo los observo a la distancia, los escucho gritar:

—¡Pico, acércate, aquí hay muchos!

Hacen movimientos repetitivos, casi rituales: sostienen la caña con firmeza, llevan el brazo hacia atrás como quien toma impulso y, con un giro brusco de muñeca, lanzan el hilo al aire. El sedal silba, se estira, cae al agua con un plop suave, y entonces comienza la espera. Recogen un poco, sueltan, recogen otra vez… como si domaran el mar con paciencia. A ratos levantan la caña con un tirón corto, tanteando, provocando, seduciendo la mordida invisible del pez.

El sol nos irradia el camino y el viento me despeina. Se dan cuenta de que los observo detenidamente. Me saludan con un buenos días, amable, de esos que embellecen aún más el paisaje. Camino un poco más cerca de ellos. Bajo la mirada al suelo y allí yace una hielera: blanca, marcada por la sal y el uso, con la tapa medio floja. Dentro guardan el botín de la mañana —peces brillantes, todavía húmedos— sobre una cama de hielo que cruje como si fuera arena congelada.

Pienso en lo afortunada que soy de habitar esta isla: donde la naturaleza nos regala alimento, el calor humano nos envuelve en tiempos de incertidumbre y la esperanza nunca se pierde.

MTG 15/1





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