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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Acrasia

Mi cuerpo, pesado como mancuerna difícil de levantar,
reposa en el mueble de cuero,
esperando a quien, con su estruendo,
pueda empujarme de él.

Mi mente, como maratonista, corre por donde quiere:
de aquí para allá, de allá para acá,
mientras mi cuerpo, inmóvil,
senil, permanece.

Mi cuerpo y mi mente,
mi mente y mi cuerpo,
juegan a distorsionar mi realidad.

Una cosa es lo que quiero
y otra lo que puedo hacer
cuando mis muslos, cubiertos de celulitis,
se funden con el asiento
como pega caliente,
poseyéndome sin intención de soltarme.

¿Cómo se le ordena al cuerpo
obedecer lo que la mente desea?

¿Cómo lograr que las estrías
se vuelvan carreteras hacia el éxito
y no señales de sedentarismo?

¿Quién gobierna a quién
cuando la mente avanza
y el cuerpo se queda,
adherido a este espacio reducido
ante mi piel?

MTG 7/1



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