Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Saturación
Luego de la resaca luminosa —saturada del contacto social— de las fiestas navideñas, debo retirarme a mi aposento para recargar energía antes de que llegue la despedida de año.
Mi cuerpo comienza a sentirse cansado, como si no pudiera moverse. Las horas en la cama se vuelven eternas, mientras afuera continúan las fiesta y la algarabía.
Mi mente no logra recordar con detalles el paso de los días. Se encierra, tratando de sobrevivir al presente.
Pienso que quiero gritar, ver pintura roja en mi brazo, como una pulsera de aguinaldos.¡Sangre, sangre! Es sangre lo que desearía ver, no témpera de los regalos que recibió mi hijo.
Decido, mejor, respirar, cerrar los ojos y cubrir lo que queda de mi cuerpo con una manta que me aparte del mundo exterior: del ruido, de los abrazos, de las conversaciones incómodas, del capitalismo.
El cuarto huele a pino, a galletas horneadas a cariños envueltos en papel con diseños de renos.
Y no me malinterpretes; estos han sido buenos tiempos, pero mi trastorno siempre me hace regresar a la habitación propia. No puedo conectar con lo desconocido sin antes conectar conmigo.
El ruido me ensordece, los abrazos me hacen sentir codependiente y las sonrisas me lucen prestadas, posadas para las postales fotográficas de las próximas Navidades.
Me alejo, conecto conmigo y todo vuelve a ser bello nuevamente.
MTG 26/12
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario