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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Ironías

La máquina tragamonedas marcaba $20 cuando el celular cantó con el sonido de un mensaje de texto. ¿Quién será?, me pregunté. Por un segundo me olvidé del juego, abrí el teléfono de tapa y entré a los mensajes.

“Buenas tardes. ¿Quieres ir conmigo a tomarte una copa de vino?”

Mis ojos se abrieron tan grandes como si me hubiera ganado el jackpot. Pero, claro, mi mente llegó primero, como siempre, corriendo delante de mi corazón con un pito de árbitro en la mano.

“Jamás saldría con un convicto”, le respondí. Sin imaginar que él estaría más libre que yo—y con escolta incluida—por los próximos cuatro años.

Ese día perdí todo: el dinero que llevaba al casino, la copa de vino… y, para rematar, la oportunidad de convertirme en la primera dama. 

MTG 10/12





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