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Ironías
La máquina tragamonedas marcaba $20 cuando el celular cantó con el sonido de un mensaje de texto. ¿Quién será?, me pregunté. Por un segundo me olvidé del juego, abrí el teléfono de tapa y entré a los mensajes.
“Buenas tardes. ¿Quieres ir conmigo a tomarte una copa de vino?”
Mis ojos se abrieron tan grandes como si me hubiera ganado el jackpot. Pero, claro, mi mente llegó primero, como siempre, corriendo delante de mi corazón con un pito de árbitro en la mano.
“Jamás saldría con un convicto”, le respondí. Sin imaginar que él estaría más libre que yo—y con escolta incluida—por los próximos cuatro años.
Ese día perdí todo: el dinero que llevaba al casino, la copa de vino… y, para rematar, la oportunidad de convertirme en la primera dama.
MTG 10/12
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