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Fluir
El piso de la sala está inundado de pequeñas piezas de colores, rígidas y perfectamente moldeadas, cada una coronada por diminutos círculos y perforada en su base para encajar con otras, formando un mosaico caótico de construcciones posibles. Yo, en cambio, me aferro a la rigidez: esa que me distancia de la libertad y me conduce, obediente, al libro de decenas de páginas con instrucciones precisas para convertir en realidad nuestro sueño de un negocio de comestibles.
En mi falda yace la funda con donas sabor a fresa con grageas de colores, la máquina de espresso, tacitas en miniatura y los uniformes diminutos de quienes habitarán esa utopía. De pronto, todo vuela a las manos de Amir. Un grito lo detiene: ¡nooooooo! Las piezas se pierden. Él se ríe; yo me río. Intento incorporarme y fluir. Jugamos hasta olvidar el libro, las reglas y la urgencia de que todo tenga sentido. ¡Jugamos a ser felices!
MTG 27/12
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