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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Asombro

¡Cosas queremos y cuando llegan no las creemos!
Las pedimos.
Las manifestamos.
Hacemos journaling, velas, listas, terapia.

Pero justo en el momento en que nuestro anhelo toca la puerta, lo despachamos:
“Perdón, creo que hubo un error”.

¿Será que estamos acostumbradas a que el síndrome del impostor nos posea?
¿O que vivimos encendidas en modo lucha, supervivencia, sin abrazar el recibir?

Cuando algo bueno llega —sin castigo, de forma espontánea y natural—
la mente se activa y piensa que no es para nosotras.

Nosotras
que lo soñamos.
Que lo trabajamos.
Que lo deseamos.

Pero no,
seguro llegó por error.

MTG | 19/12



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