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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Aliento

Tengo la urgencia de escribir, de renombrar, de plasmar en letras mi vida,
como si de ello dependiera mi existir,
el principio y el fin de mi ser.

Un impulso que no se sacia con alimentos.
Uno que me despierta en las noches y me obliga a salir,
a contemplar la luna y escribir.

Un llamado que exige hojas de papel y una pluma,
una maquinilla o un computador.

Uno que me fuerza a estacionarme a la orilla de la calle o frente al mar,
no para contemplar el paisaje, sino para nombrarlo
a través de mis escritos.

Siento la necesidad de invocar a mis ancestras a través de la literatura,
de sentirlas, olerlas, vivirlas.

Vivo para escribir y escribo para vivir:
así lo ha decidido mi cuerpo.

MTG 22/12



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