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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Volcán

Mi cabeza ha estado en erupción volcánica todo el día.

He tenido que obligarme a mantener los ojos abiertos ante la necesidad de trabajar para sobrevivir.

Mis pupilas han flotado por el aire, abrazando la ceniza suspendida de mi propia explosión.

Mi cuerpo cansado divaga por la casa, lento, rígido, queriendo apagar su propia lava.
Mis pies dan pasos seguros hacia el baño. Mi mente comienza a registrar que el agua puede salvarme.

Con un gesto torpe, deslizo los dedos por los botones de la bata.
La tela, de seda color negro, cae por mi piel como una capa de tierra desprendiéndose del volcán después del fuego.

La desnudez, como siempre, me deja un rastro de alivio, como si mi cuerpo reconociera, por fin, que puede rendirse.

Entro a la ducha, mi mano juega con la llave de la pluma, buscando la temperatura exacta del consuelo: caliente, fría, no muy fría, ni tan caliente.

El vapor comienza a formarse. El agua cae con precisión, recorriendo cada espacio de mi cuerpo.
Resbala por mi cuello, por mis hombros endurecidos, por cada parte de mí que ha estado a punto de apagarse.

Siento la lava enfriarse, disolverse lentamente en el agua que corre.
Por un instante, mi cuerpo deja de quemar y se convierte en carne.

El dolor se va… y regresa la calma

MTG 7/11



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