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Espejismo

Otra vez me encuentro rozando esa fina línea entre la realidad y la virtualidad, intentando encontrar el amor en una pantalla, y hallando únicamente inmediatez, fugacidad, ausencia de compromiso y una profunda desilusión. Otra vez me cuestiono si debo cerrar la aplicación o seguir prostituyéndome sin ganancias, dejando que hombres ajenos decidan cuánta belleza ostento o qué arreglos debo hacerme para lucir como ellos quieren. Otra vez me desilusiona abrirme a la absurda honestidad de mi vida; contarles sobre mis trastornos, mis logros, mis sueños y mis alegrías. Leer y escuchar cómo se llenan la boca de elogios por un par de horas y, al caer la noche, el sueño se lleva mi nombre de sus pensamientos. MTG 22/3

Psicótica

La reconozco.
Entra silente por mi cuerpo, se desliza como serpiente por los recovecos donde no ha sido invitada, como una rata roedora que contamina todo a su paso.
No la veo, pero la siento.

La siento cuando me empuja, dejándome atada a la cama.
Cuando mis pasos pesan y mi boca se vuelve amarga.
Cuando me miro al espejo y solo veo sombras, cuando ya no logro reconocerme.

La siento cuando no siento nada: ni los golpes, ni los pinchazos, ni la sangre.
Da igual.
No siento nada, solo el dolor inmenso que me provoca su presencia dentro de mí.

La siento, la vivo, la habito.
Cuando pasa el día y presencio cambios constantes de humor.
Cuando lo que antes era fácil ahora se me complica, y lo que antes se me hacía difícil lo logro con mayor astucia.

La noto al caminar, al mirar a la gente, al pensar que me observan cuando nadie lo hace,
al sentir que me persiguen mientras camino.

Cuando la noche llega, la escucho respirar dentro de mí,
como un eco antiguo que no sabe morir.
Aun así, en medio del silencio,
una parte de lo que fuí —pequeña, temblorosa—
sigue creyendo en la luz que persiste bajo la piel.

MTG 12/11



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