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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Mirarte

Mirarte es reconocerme viva.
Es adentrarme en mi niñez,
sobrepasar los muros pesados de la adultez
y volver a ser niña otra vez.

Tu cabello rizado, color oro, cayendo sobre tu frente,
me recuerda la suavidad y ligereza que tenía mi propio pelo antes de los químicos,
en los primeros años de mi vida.

Tu tez suave, blanca como las arenas de Culebra,
y tus manos pequeñas enlazadas a las mías
me animan a pensar que todo es posible
si te tengo conmigo.

Eres la luz que dirige mis pasos,
el fuego que me impulsa aun en tiempos de quietud,
la brisa matutina que refresca mi vida
y me recuerda que envejecer no duele
cuando caminas a mi lado.

Mirarte es mirarme a los ojos,
contemplarme entera frente al espejo.

MTG 19/11



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