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Destacado

Espejismo

Otra vez me encuentro rozando esa fina línea entre la realidad y la virtualidad, intentando encontrar el amor en una pantalla, y hallando únicamente inmediatez, fugacidad, ausencia de compromiso y una profunda desilusión. Otra vez me cuestiono si debo cerrar la aplicación o seguir prostituyéndome sin ganancias, dejando que hombres ajenos decidan cuánta belleza ostento o qué arreglos debo hacerme para lucir como ellos quieren. Otra vez me desilusiona abrirme a la absurda honestidad de mi vida; contarles sobre mis trastornos, mis logros, mis sueños y mis alegrías. Leer y escuchar cómo se llenan la boca de elogios por un par de horas y, al caer la noche, el sueño se lleva mi nombre de sus pensamientos. MTG 22/3

Legado

Mi mamá me mostró la escuela por primera vez cuando mis ojos aún jugaban con el agua de su útero.

Al nacer, fue el primer lugar que reconocí como mío.

Con tan solo tres años, viajaba junto a ella desde Isabela hasta Camuy, monte adentro, por un camino empinado, lleno de curvas angostas y colinas verdes, hacia la escuela primaria donde era maestra.

Allí, en ese espacio tan inmenso para mí, comencé a desarrollar mi amor por la educación. Mientras los estudiantes jugaban conmigo a ser mis maestros, y los maestros a ser mis mentores, aprendí a escuchar, a observar, a liderar… a ser lo que mi madre siempre quiso que fuera.

Al llegar a la universidad, ese olor a tiza blanca, a pega líquida y a crayones de colores me perseguía. Estudiar educación se convirtió en mi opción, en mi vocación.

Hoy, unas décadas más tarde, camino por los pasillos de la Universidad de Puerto Rico junto a mi hijo de cuatro años. Conmemoramos la academia, el pensamiento crítico, la lectura y la intelectualidad. "Nos pueden robar todo, hijo, pero el conocimiento y las experiencias que desarrollamos juntos permanecerán por siempre, como el legado académico que mis padres inculcaron en mí".

Porque educar es rebelarse.

Porque enseñar es desafiar los silencios que otros prefieren mantener.

Y porque cada salón de clases, cada palabra, cada mente que se enciende es una trinchera.

Yo heredé la tiza, pero también la voz. Y con ella seguiré escribiendo la revolución más profunda, la del pensamiento.

MTG 3/10



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