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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Legado

Mi mamá me mostró la escuela por primera vez cuando mis ojos aún jugaban con el agua de su útero.

Al nacer, fue el primer lugar que reconocí como mío.

Con tan solo tres años, viajaba junto a ella desde Isabela hasta Camuy, monte adentro, por un camino empinado, lleno de curvas angostas y colinas verdes, hacia la escuela primaria donde era maestra.

Allí, en ese espacio tan inmenso para mí, comencé a desarrollar mi amor por la educación. Mientras los estudiantes jugaban conmigo a ser mis maestros, y los maestros a ser mis mentores, aprendí a escuchar, a observar, a liderar… a ser lo que mi madre siempre quiso que fuera.

Al llegar a la universidad, ese olor a tiza blanca, a pega líquida y a crayones de colores me perseguía. Estudiar educación se convirtió en mi opción, en mi vocación.

Hoy, unas décadas más tarde, camino por los pasillos de la Universidad de Puerto Rico junto a mi hijo de cuatro años. Conmemoramos la academia, el pensamiento crítico, la lectura y la intelectualidad. "Nos pueden robar todo, hijo, pero el conocimiento y las experiencias que desarrollamos juntos permanecerán por siempre, como el legado académico que mis padres inculcaron en mí".

Porque educar es rebelarse.

Porque enseñar es desafiar los silencios que otros prefieren mantener.

Y porque cada salón de clases, cada palabra, cada mente que se enciende es una trinchera.

Yo heredé la tiza, pero también la voz. Y con ella seguiré escribiendo la revolución más profunda, la del pensamiento.

MTG 3/10



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