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Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Disforia

El corazón se acelera, la tráquea se tranca, los hombros se endurecen como piedra.

Las lágrimas caen sobre mi falda como copos de nieve en la noche más fría del invierno.

Entre bolas rojas de Navidad, pavo, instrumentos musicales, galletas de jengibre y vestimenta de indio taíno, da inicio una de las épocas más difíciles del año:
esa en la que, por culpa de la religión, nos obligan a celebrar el nacimiento hipotético de un niño que dicen haber salvado al mundo.

Mientras tanto, el capitalismo nos vende la ilusión de que Papá Noel entrará por la chimenea, aunque en nuestra isla no existan chimeneas.

Y yo, sin creer que alguien salvó al mundo ni en Papá Noel, solo creo en cómo mi bolsillo se encoje con tanto gasto y mi ansiedad aumenta.

MTG 4/11





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