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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Caprichos

Cumplo sus caprichos como quien se llena de luz, irradiada por la misma Diosa cuando él me dice mamá.

Abro la nevera en busca de un manjar americano para esta tarde sabatina.
Pancakes.
Haremos pancakes.

Abro la repisa y busco un plato hondo, una cuchara liviana, y completo los ingredientes con la mezcla lista para cocinar.
Él se trepa con cuidado en un escalón para alcanzar y ayudar a mamá en la preparación.
Sus manos suaves y pequeñas comienzan a verter la mezcla blancuzca; bate, que bate, hasta que el polvo se funde con el tope del gabinete.

—Cuidado, hijo, mezclemos con cuidado —le digo.

Él sonríe y continúa suavizando la masa espesa entre la mezcla y el agua. Sin grumos, no deben quedar grumos, repito como si fuese un mantra heredado.

Precaliento la plancha y voy vertiendo la mezcla.
—Mamá, te amo —me dice.

Energía para mi cuerpo, música para mis oídos, luz en la oscuridad: eso es esa frase para mí.
—Hijo, también te amo —respondo, sintiendo cómo la vida se acomoda en mi pecho.

—¡Los pancakes están listos! —le entono como si cantara una canción.

Él se ríe y dice:
—Mmmm… quiero uno grande.

Entre pancakes, complicidad, muñequitos en el televisor y una casa que aguarda por una limpieza profunda, disfrutamos —sin prisa, sin culpas— de este dulce capricho a las dos de la tarde de un sábado cualquiera.

MTG 15/11



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