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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Alma

Tengo el alma confundida.

Oigo, pero no escucho; veo, pero no observo; me acarician, pero no siento.

Todo mi cuerpo me habla al mismo tiempo. No entiendo, solo duele.

Necesito a Platón a mi lado, con una taza de matcha, filosofando sobre la razón, el ánimo y el deseo.

A ver si esa forma tan eterna y completa revive mi alma de esta agonía; la de vivir sin sentir o sintiendo demasiado.

La razón está cansada de sostener el control; el ánimo, abatido —ese que alguna vez fue fuego y hoy apenas es chispa—; el deseo, errante, sin dirección.

Es mi cuerpo pidiendo a gritos equilibrio, el alma deseando armonía, el recuerdo de su centro.

Hoy intento escuchar el silencio, descansar en mis adentros, hallar la verdad que mora en mí.

MTG 4/11





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