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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Sueño

Todos los días sueño con algo nuevo,
pero el sueño se evapora
como la humedad sobre las paredes del Caribe.

Intento recortarlo,
limitarlo,
borrar de su contorno a LUMA,
a los políticos,
a la corrupción,
a la criminalidad.
Y entonces el sueño se disuelve,
como neblina que se pierde
entre las cordilleras centrales de la isla.

No hay sueño sin tropiezos,
ni camino sin piedras,
ni meta sin principio.
Pero mi mente me limita,
mi salud mental me susurra al oído
que no puedo.

Salgo a la calle
y la esperanza se vuelve humo,
la idea se encoge,
y el sueño —
ese pedazo de fe que me quedaba —
se convierte en otra idea fallida
que el viento arrastra,
como a tantas otras
en este país cansado de soñar.

MTG 15/10






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