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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Machista

Eres machista y no te reconoces.

Se te nota en la forma en que intentas obligarme a tocarte,
como quien quiere moldear el barro sin permiso,
como si mi cuerpo fuera arcilla de tus deseos.

Eres machista al verbalizarme que mi trabajo es de escritorio
y el tuyo de fuerza física,
como si las manos que escriben no cargaran mundos,
como si el pensamiento no levantara su propio peso.

Eres machista al pensar que tuve mi hijo con mi expareja,
como si la maternidad necesitara de una firma masculina,
como si no pudiera nacer de mi piel, de mi historia,
de la soledad que también es creación.

Eres machista aunque lo niegues,
aunque te escondas tras palabras pulidas,
porque el machismo —como el humo—
se cuela por las rendijas y termina habitando el aire que respiro.

MTG 23/10


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