Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Lluvia

Ayer llovió y hoy también.

El cielo, en la Isla del Encanto, se pintó de negro. La lluvia caía a cántaros, como si una tormenta se precipitara. En la playa, las olas bailaban un vals con deseos de intimar con la tierra. Fue tanto mi asombro por lo que vi, que tuve que salir de allí. Minutos después, un arcoíris me sonrió. La lluvia momentánea se fue junto conmigo.

Ayer llovió y hoy también.

Esta mañana, mientras colaba café, observé por la ventana las gotas de lluvia chocar con la puerta, fuertes, retumbando como granizos. Tomé la taza de café, con galletas de soda y un poco de mantequilla. Me senté en mi silla y dije: “Esta vez dejaré que la lluvia me cante al oído.”

Ayer llovió y hoy también.

Lleva tres días lloviendo. Las calles alrededor de mi casa están inundadas. El agua ha llegado hasta mi marquesina y me saluda, como quien pide permiso para entrar. No me permite salir: antier no me dejó ir a la playa, ayer me obligó a quedarme en casa y hoy tampoco me libera de este espacio que habito.

¿Me estará diciendo algo la lluvia?

¿Será que debo descansar más, hacer silencio, escucharla y simplemente disfrutarla?

Entro a mi habitación, abro el ropero, me quito la ropa y me deslizo entre un abrigo y un pantalón. Me calzo las botas de agua. ¿Estará bien mostrar rebeldía o ceder ante ella?

Antier llovió, ayer llovió, hoy llovió.

Me acerco al balcón, respiro y decido quedarme en casa.

Cedo ante ella, es una señal.

Debo descansar.

MTG 24/10



Comentarios