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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Llena

Tu cabello es ondulado como fetuccinis en salsa bechamel.

Tus ojos, color chocolate oscuro, grandes como trufas dulces, me miran con inocencia.

Tu nariz, pequeña y traviesa, me recuerda la delicia de una pera caramelizada.

Tus labios, rosa pálido, son suaves como fresas recién cortadas.

Te observo con cuidado —tus facciones, tus gestos, la perfección de tu rostro—
y entonces me dices:
“Mamá, tengo hambre, ¿qué vamos a 
comer?”

Yo sonrío.

Hijo, estoy llena…
llena de ti,
de tu risa que me alimenta,
de tu voz que me nutre,
de tu vida que me sacia.
No hay plato que me alimente más
que verte crecer,
despacio,
entre mis brazos.

MTG 31/10




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