Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Incrédula
Esta mañana me levanté creyendo menos.
Menos en lo que me rodea, menos en los dioses patriarcales, menos en el sistema político que se derrumba, menos en mí.
Ya no creo en nada, solo en sobrevivir por mi hijo.
No creo en los besos que me dieron ayer, ni en las sonrisas fingidas que cruzan la calle, ni en la obligación de escribir “buenos días” al amanecer.
No creo en nada.
Y quizás en esa nada empiece, poco a poco, a creer en mí.
Aunque me cuesta.
Porque a veces hago lo que no quiero, y lo que debo hacer me deja sin aliento, como si cada intento por cumplir con lo necesario me restara un poco más de vida.
Estoy cansada de no creer, pero también harta de seguir creyendo que algún día mejoraré.
Y no cambia.
No evoluciona.
No avanza.
Mi trastorno crece, y con él la desesperación, la sensación de estar perdiendo el contacto con lo real.
MTG 20/10
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario