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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Impostor

Me encuentro sentada en mi silla de escritorio acolchonada, color negro, con textura de imitación de cuero. Mis dedos teclean con esperanza en el computador mientras redacto un correo electrónico en busca de un nuevo empleo.

El celular, posado sobre el pequeño escritorio de madera prensada color blanco, comienza a vibrar mientras emite un sonido claro y repetitivo: trin, trin, trin.

No reconozco el número, pero contesto.

—Una entrevista, mañana —dice la voz al otro lado.

—Claro, acepto —respondo con entusiasmo y seguridad.

Pienso, no creo en los milagros, pero mi madre dirá que son sus oraciones. Para mí, es la consecuencia de no dormir por haber enviado decenas de currículums la semana pasada.

Minutos después, el síndrome del impostor me abraza.

—Querida, he llegado —susurra—. ¿Para qué irás a la entrevista? No te seleccionarán. Habrá muchas personas. No tienes nada que decir. No eres suficiente.

Respiro. Lo reconozco y le cierro la puerta, no te permito que me habites. Iré y obtendré el trabajo.

Mañana, cuando vuelva a sonar el trin, trin del teléfono, escucharé mi nombre al otro lado diciendo:

“Bienvenida al equipo.”

MTG 14/10



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