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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Hite

Han pasado cuarenta y nueve años desde The Hite Report,
y mi cama sigue esperando a alguien que la habite a plenitud.
Alguien que entienda el sexo desde la feminidad,
que comprenda mi fisiología y mi ritmo interno.

Alguien que sepa que mi órgano más sensible no está entre las piernas,
sino en la mente,
ese cerebro que se enciende con la palabra justa,
con una mirada que piensa,
con una caricia que escucha.

Que me toque como si el tiempo no existiera,
sin la prisa del final,
sin la urgencia del acto,
sino con la eternidad del descubrimiento.

Que su lengua trace el mapa secreto de mi cuerpo
hasta encontrar el órgano completo,
profundamente sensorial,
que se extiende como una raíz invisible bajo la piel.

Ese árbol subterráneo del placer
que despierta deseo, late con la sangre
y florece en un temblor rítmico,
donde el cuerpo y la mente se reconocen.

Ese que no tema mi libertad sexual,
que no se disfrace de pudor ni de mandato.
Ese que se entregue en cuerpo y mente,
sin medir, sin contener, sin fingir control.

Que me lea con la piel,
que me escriba con las manos,
y que en el roce entre mi carne y mis palabras
encuentre su propio estallido.
Un orgasmo que no espere permiso,
sino que nazca de la verdad compartida. 

Mientras espero, me basto. Me gozo.
Me reconozco entera, sin mitades que me definan
ni manos que me limiten.

MTG 13/10




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