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Frida
Hay días donde Frida me posee. Y aunque físicamente podría levantarme, mi mente me ata a esta cama de madera oscura, con un respaldo tallado que parece contener siglos de dolor, con crujidos al movimiento que acompañan cada pensamiento roto. A estas cuatro paredes frías de mi habitación. Del baño a la cama, de la cama a la cocina, de la cama al sueño, al letargo, al sufrimiento de vivir.
Intento escribir, pero mi mente está indomable en estos días. Mi dolor —este trastorno que habita en mí— se refleja en la dificultad para sostener el lápiz, en el cansancio eterno, en las respiraciones interrumpidas por un deseo incontrolable de llorar.
Continúo sintiéndome sola, cada día más sola, sin deseos de salir ni de ver el sol entrar por las ventanas. Todo lo veo negro, oscuro, gris. Solo quiero tener a mi cama conmigo y no despertar hasta que mi mente descanse, hasta que vuelva a sentirme un poco mejor. Quizás mañana, cuando Frida me suelte, escriba con mi sonrisa un nuevo amanecer.
7/10 MTG
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