Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Escisión

Montarme en mi auto y deslizarme a cien millas por hora por la carretera húmeda, angosta y agrietada de mi ciudad, como si cada curva fuera un pensamiento torcido, una herida abierta que me invita al salto final.

Prepararme una mezcla de whisky, sangría y cerveza, un cóctel de olvido que burbujea como risa prestada. Trago a trago, el mundo se distorsiona, carcajadas que suenan como vidrios rotos antes del silencio de la inconsciencia.

Dibujar en mi piel mi primer tatuaje con una navaja, la hoja se convierte en pincel, la sangre en tinta. Escribo sobre mí un idioma que solo yo entiendo. Profundo, pero no tanto como para morir; lo suficiente para sentir que sigo viva, que aún hay fuego debajo del dolor.

Ingerir donas, golosinas, bebidas azucaradas, cafeína en exceso. Mi cuerpo, redondo planeta sin órbita, rebota en la cama como un astro cansado, saturado de dulzura vacía.

Pensamientos dicotómicos llegan a mi mente como paisajes contradictorios, los detengo. Los freno antes de que ocurran. Me siento en el suelo frío, altar de mi propia resistencia, e intento conectar conmigo mientras las lágrimas caen como cascadas que limpian, pero también erosionan.

Al fondo, el teléfono suena, eco del mundo que no sabe. Me seco las lágrimas, cambio la voz e intento disimular. Nadie sabrá lo que es vivir con un trastorno que te habita como fantasma, que te susurra promesas de caída y, aun así, te deja respirando.

MTG 6/10





Comentarios

Entradas populares