Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Desintoxicación

Mi cuerpo, mi mente y mi espíritu anhelan el instante en que me decida a concederles un detox relacional. Han sido semanas intensas, llenas de intentos fallidos por lograr que las flechas de Cupido atraviesen mi hipotálamo. En lugar de amor, lo que he conseguido es que los vampiros afectivos drenen cada gota de energía que circula por mi cuerpo.

Siento una mezcla de confusión, desilusión, tormento y angustia cada vez que no logro ser comprendida. Como si mi valor dependiera de pieles ajenas, de pensamientos retrógrados y de memorias contraídas. Me pierdo en triadas, en idealizaciones, en vínculos peligrosos; me sumerjo en baños de calor y sentimientos tan fríos como témpanos.

Exijo un detox. Quizás solo así, tras un descanso del desamor, logre renacer entre mis propias ruinas y descubrir el verdadero amor —ese que nace desde adentro, amor propio.

MTG 26/10





Comentarios