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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Cámara

“Clic”. La cámara se enciende.
Olvida quién es.
Se transforma en quien desea ser.
Un día profesora, otro modelo, madre, mochilera, escritora.
Y en otros, solo ve la sombra de su reflejo
en la imagen congelada de la pantalla.

La mayoría de las fotos tienen una duración de microsegundos,
tan ligeros como el aleteo de una mariposa en mitad del viento.

Su botón favorito es el de eliminar.
Agradece los avances de las cámaras digitales
y que ya nadie extraño observe su intimidad
en el proceso de revelado.

No recuerda tener una foto favorita,
ni una personalidad fija entre tantos reflejos.
Solo sabe que, cada vez que una cámara exista,
la única imagen que perdurará será la de madre:
porque anida en los ojos de su hijo,
en los abrazos, en las memorias,
más que en la pantalla.

MTG 30/10



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