Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Verme

Hoy, por primera vez en meses, pronuncié mi nombre.
Lo dije en voz alta.
Lo reconocí.
Lo abracé.
Había estado perdido, diluido en ti:
en lo que pensabas, en dónde estabas,
en lo que querías de lo nuestro,
de lo tuyo, de lo mío.

Hoy, por primera vez, me vestí con aquella blusa que tan feliz me hizo al comprarla.
Una blusa de lino blanco, suelta, ligera,
con bordados de flores azules en el cuello y botones pequeños de madera,
de esas que encuentras en un mercado de artesanos en Canadá,
cuando el frío arrecia afuera
y adentro un café caliente te devuelve la sonrisa.

No pensé en ti.
No pensé en tu aprobación.
Era la blusa olvidada de mi último viaje,
escondida en lo profundo del ropero,
como si esperara este instante para volver a nacer conmigo.
Ese día la guardé porque corrí a entregarte tu regalo…
y me olvidé del mío.

Hoy alcé los brazos, y con ellos sonó Ojitos lindos.
La música me vistió entera.
Recordé el cuerpo que llevo conmigo:
curvas definidas, caderas anchas,
una silueta mía, única,
que escondí intentando ser perfecta ante tus ojos.
Pero eso nunca ocurrió.
Y hoy entiendo, nunca hizo falta.

Hoy, por primera vez desde que te conocí, levanté una copa de vino rosado.
La alcé al aire.
No por ti, sino por mí.
Brindé conmigo.
Con mi reflejo.
Con la mujer que vuelve a reconocerse.
No en tus ojos,
sino en los míos.

Y aunque no sé cuánto dure esta luz,
hoy lo entiendo:
para sanar,
debo estar conmigo.
No contigo.

MTG 2/9






Comentarios

Entradas populares