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Espejismo

Otra vez me encuentro rozando esa fina línea entre la realidad y la virtualidad, intentando encontrar el amor en una pantalla, y hallando únicamente inmediatez, fugacidad, ausencia de compromiso y una profunda desilusión. Otra vez me cuestiono si debo cerrar la aplicación o seguir prostituyéndome sin ganancias, dejando que hombres ajenos decidan cuánta belleza ostento o qué arreglos debo hacerme para lucir como ellos quieren. Otra vez me desilusiona abrirme a la absurda honestidad de mi vida; contarles sobre mis trastornos, mis logros, mis sueños y mis alegrías. Leer y escuchar cómo se llenan la boca de elogios por un par de horas y, al caer la noche, el sueño se lleva mi nombre de sus pensamientos. MTG 22/3

Verme

Hoy, por primera vez en meses, pronuncié mi nombre.
Lo dije en voz alta.
Lo reconocí.
Lo abracé.
Había estado perdido, diluido en ti:
en lo que pensabas, en dónde estabas,
en lo que querías de lo nuestro,
de lo tuyo, de lo mío.

Hoy, por primera vez, me vestí con aquella blusa que tan feliz me hizo al comprarla.
Una blusa de lino blanco, suelta, ligera,
con bordados de flores azules en el cuello y botones pequeños de madera,
de esas que encuentras en un mercado de artesanos en Canadá,
cuando el frío arrecia afuera
y adentro un café caliente te devuelve la sonrisa.

No pensé en ti.
No pensé en tu aprobación.
Era la blusa olvidada de mi último viaje,
escondida en lo profundo del ropero,
como si esperara este instante para volver a nacer conmigo.
Ese día la guardé porque corrí a entregarte tu regalo…
y me olvidé del mío.

Hoy alcé los brazos, y con ellos sonó Ojitos lindos.
La música me vistió entera.
Recordé el cuerpo que llevo conmigo:
curvas definidas, caderas anchas,
una silueta mía, única,
que escondí intentando ser perfecta ante tus ojos.
Pero eso nunca ocurrió.
Y hoy entiendo, nunca hizo falta.

Hoy, por primera vez desde que te conocí, levanté una copa de vino rosado.
La alcé al aire.
No por ti, sino por mí.
Brindé conmigo.
Con mi reflejo.
Con la mujer que vuelve a reconocerse.
No en tus ojos,
sino en los míos.

Y aunque no sé cuánto dure esta luz,
hoy lo entiendo:
para sanar,
debo estar conmigo.
No contigo.

MTG 2/9






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