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Psicosomática
Es increíble cómo mi mente me engaña, sedienta de su presencia, llamándolo en susurros como si fuera alivio y no tormenta. Me acerco a él con pasos sigilosos, le abro la puerta con timidez, y entonces comienza la rebelión: dolores de cabeza que martillean, mareos que me arrancan del suelo, náuseas que suben por mi tráquea como un disparo seco y certero. ¿Casualidad? No. Es la cuerpa gritando, alzando su voz para que no olvide: “no seas ingenua, otra vez te dañará y cargarás la culpa como un castigo propio”.
Las palpitaciones se desatan como un temblor de tierra, el sudor frío me recorre como helado derretido, mi garganta se cierra hasta dejarme sin aire. Casi no me muevo, y aun así, la cuerpa insiste en arrastrarme lejos, mientras la mente me encadena a la idea de cercanía.
¿Será la mente? ¿Será el hipotálamo? ¿O será que no existe tal separación, que todo está tejido en la misma red? Un entramado de memoria, hormonas y cicatrices que me recuerdan, con crudeza, que no puedo engañar a la cuerpa cuando ella ya sabe la verdad.
MTG 10/9
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