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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Palimpsesto

Al presente no descubro quién eres,
pero mis ojos te reconocen al verte,
y en ese instante regreso a lugares sin fecha
donde nos encontramos por primera vez.

Las calles donde aprendí a nombrar la ternura en tus manos,
la tarde que nos hizo cómplices,
la música que compartimos en silencio
y guardamos como secreto entre los dientes.

Hoy mis oídos se entregan en escucha activa —no por obligación, sino por hambre—
al compás de la pronunciación de tus palabras,
que llegan como llovizna cálida,
como promesa sin prisa.

Quédate.
Cuidémonos juntos.
Redescubramos esos lugares que un día fueron nuestros,
las comidas que degustábamos,
los olores que nos envolvían
como un manto en invierno.

Que el tiempo no borre lo que el alma recuerda,
aun sin nombre, sé que eres tú,
el eco de mis días,
la certeza de que alguna vez fuimos eternidad.

MTG 24/9



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