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Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Marguerite

Me acomodo frente al televisor con una copa de vino rosado entre las manos y, sin darme cuenta, comienzo a viajar a la Francia y a la Alemania de 1944. Las letras de Marguerite me envuelven, me atrapan, me hacen sentir su dolor, su angustia, la desesperación por la ausencia de su marido. Sus amores me invaden entre la nostalgia y la seducción. Poco a poco, su historia se convierte en la mía.

De pronto, suena mi teléfono. Intento responder, como ella aguardaba la llamada de Robert. Pero no puedo, prefiero quedarme allí, conectada con ellos, en otra época, en aquel país, en ese instante suspendido de la historia.

En momentos así me pregunto si mi vida realmente me pertenece. Si este lugar es donde debo estar. Si he reencarnado en los cuerpos de ellas, mis autoras favoritas, en otras épocas. Al leerlas, al verlas, siento que sus vidas me pertenecen. Me estremecen, me erizan la piel. Me hacen sentir viva y muerta, muerta y viva al mismo tiempo.

Me doy un sorbo de vino, suspiro, y en la pantalla aparece Robert regresando a Francia. Pero ella ya no lo ama igual. Lo esperó cada día de su vida, y sin embargo, al tenerlo de nuevo, algo se había quebrado para siempre. Y entonces confirmo que quizás fui ella también, cuando te amo y al mismo tiempo te odio, cuando te recuerdo cada segundo y, aun así, te olvido antes de que la película llegue a su final.

MTG 14/9




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