Ir al contenido principal

Destacado

Pulsión

Haaaaaah… shhhhh… haaaah… Inhala profundo por la nariz. Exhala lento por la boca. Haaaaaa… ffffff… Bip… bip… bip… —Relaja tu mente, controla tu cuerpo. Respira por la nariz y suelta por la boca. Solo piensa en el aquí y el ahora. Pronto saldrás de este hospital. Respira nuevamente. —¡Carajo, esto no me funciona! Busco el celular, acurrucado entre las sábanas florales que me trajo mi madre la última vez que pudo visitarme, el domingo. Fue hace dos días o menos. Hoy es martes, pero siento que no nos vemos desde hace meses. El tiempo se vuelve lento en este lugar; el aire se encierra y me asfixio conmigo misma. Abro mi celular flip y trato de escribir con una sola mano, la izquierda, la no dominante. Intento generar una bitácora para que, cuando pueda escribir mejor, no olvide del todo la realidad. A mi libro de memorias no le hacen falta más capítulos, pero hay que añadir cómo es tratado un paciente con TLP durante una hospitalización. ¿Habré dicho que tengo TLP? ¿Cumplimenté un recuadro...

Hielo

Hoy sí ha sido un día difícil. De esos en los que tengo que abrir el congelador y sacar un cubo sólido y transparente, apretarlo con fuerza entre mis manos como si estrujara un pequeño corazón de cristal hasta que su líquido se derrite, producto de mi enojo y del calor corporal.

Lo uso como estrategia de calma, como un modo de conectar conmigo misma, de recordarme que, aun con lo malo del día, sigo con vida. Cada gota que escurre por mis dedos es un latido, una señal de que no estoy hecha solo de heridas, sino también de agua que puede volver a fluir.

Lo paso por mis brazos, simulando mi navaja. Pero esta vez no me cortaré, solo intentaré sentir que el hielo está frío. Sin embargo, no me hiere. Lo que siento dentro es tan fuerte que mi piel se vuelve piedra y ni el frío consigue habitarme. No sé qué más puedo hacer para que me comprendan; me siento tan vacía, tan desconectada de la manera en que piensan en este país, como si caminara por un campo lleno de minas que debo tener cuidado a no pisar.

Solo me queda respirar, calmarme y continuar sacando hielos, uno tras otro, como si fueran mi salvación mientras se deshacen en mis manos, hasta que el último se agote y yo pueda dormir.

MTG 26/9





Comentarios

Entradas populares